¡Qué difícil va a ser escribir este post!

Bueno, primero quería dejar claro que Cristo vive, ¡Está vivo! Y nos quiere y nos espera a todos en el sagrario.

La verdad es que le quiero muy poco, pero todos los días le pido que pueda quererle más, hasta llegar algún día a corresponderle... Porque ha muerto por mí, y aún después de ofenderle ¡tantas veces! me sigue queriendo igual, incluso más, si es posible.

Y ¡qué alegría! cuando le recibo en la Eucaristía. Entonces es Él quien vive en mí, y me limpia y convierte y dejo de ser yo para convertirme en una persona nueva, llena de fuerza y alegría y ganas de seguir luchando y amando, a Cristo y a los demás, por Él y desde Él.

Y así le voy conociendo día a día, y amándole en la cruz, y también en mi cruz de cada día. Y quiero curarle cada una de las espinas de su corona, las espinas que le he clavado , y las espinas que le clavo cada día y que le clavamos todos.

Señor, que nunca te deje, nunca, nanca. Que me quiera menos y te quiera más, que te ame tanto que no pueda vivir sin tí.